Te miré con los ojos del amor, y el amor sabe inventar perfecciones. Donde había silencios, yo escuchaba promesas. Donde había ausencias, yo imaginaba cansancio.
Te convertí en el hombre que soñaba, hasta que la realidad empezó a romper, una por una, todas mis ilusiones.
Abrí los ojos y entendí que un buen compañero no es el que dice "te amo", sino el que se queda, el que sostiene, el que elige a su familia incluso cuando nadie lo mira.
Ser padre no es un título, es abrazar, cuidar, enseñar, es estar presente. Y entendí que no todos los hombres que tienen un hijo aprenden a ser papás.
Qué dolor descubrir que quien parecía perfecto era solo una imagen que yo misma había pintado. Que detrás de la sonrisa vivía la indiferencia, y detrás de las palabras se escondía el abandono.
Hoy ya no lloro porque se cayó un sueño. Lloro por el tiempo que pasé creyendo en alguien que nunca estuvo dispuesto a amar como decía.
Pero abrir los ojos también es una forma de renacer. Porque desde ese instante dejé de perseguir una ilusión y empecé a elegir la verdad.
Ya no necesito un hombre perfecto. Solo la paz de saber que mi corazón aprendió que el amor verdadero nunca hace sentir sola a quien dice amar, ni deja sin su abrazo al hijo que juró proteger.
-
Autor:
Valentina Zabaleta (
Offline) - Publicado: 29 de julio de 2026 a las 22:48
- Categoría: Sin clasificar
- Lecturas: 21
- Usuarios favoritos de este poema: Lualpri, ElidethAbreu, Mauro Enrique Lopez Z., Nelly Cevallos - Liora, alicia perez hernandez, Maby De los Peña

Offline)
Comentarios1
Considero que lo más difícil no es aceptar quién era la otra persona, sino reconocer cuánto de ella fue construido por nuestras propias expectativas.
Para poder comentar y calificar este poema, debes estar registrad@. Regístrate aquí o si ya estás registrad@, logueate aquí.