Te miré con los ojos del amor, y el amor sabe inventar perfecciones. Donde había silencios, yo escuchaba promesas. Donde había ausencias, yo imaginaba cansancio.
Te convertí en el hombre que soñaba, hasta que la realidad empezó a romper, una por una, todas mis ilusiones.
Abrí los ojos y entendí que un buen compañero no es el que dice \"te amo\", sino el que se queda, el que sostiene, el que elige a su familia incluso cuando nadie lo mira.
Ser padre no es un título, es abrazar, cuidar, enseñar, es estar presente. Y entendí que no todos los hombres que tienen un hijo aprenden a ser papás.
Qué dolor descubrir que quien parecía perfecto era solo una imagen que yo misma había pintado. Que detrás de la sonrisa vivía la indiferencia, y detrás de las palabras se escondía el abandono.
Hoy ya no lloro porque se cayó un sueño. Lloro por el tiempo que pasé creyendo en alguien que nunca estuvo dispuesto a amar como decía.
Pero abrir los ojos también es una forma de renacer. Porque desde ese instante dejé de perseguir una ilusión y empecé a elegir la verdad.
Ya no necesito un hombre perfecto. Solo la paz de saber que mi corazón aprendió que el amor verdadero nunca hace sentir sola a quien dice amar, ni deja sin su abrazo al hijo que juró proteger.