La tribu del silicio ante la hoguera.
Marcha la masa en horda digital,
su dedo unge así condena al instante;
vende virtud el torvo criminal
que hace del miedo su blasón brillante.
No hay discusión donde reina el pregón,
todo disenso se torna infracción.
Arde quien nombra aquello que ha advertido,
linchado en plazas de lumbre virtual;
la concurrencia ovaciona el balido
y el mediocre adopta el gesto ritual.
Fingen piedad con ademán sereno,
mientras derraman el dulce veneno
Visten de ciencia lo rancio y ficticio,
exhuman taras, mutilan la escoria;
basta un rumor para erigir el juicio,
docta genuflexión para la historia.
Nadie cuestiona la verdad impresa
donde enlodado el rebaño tropieza.
Gira la rueda y la conciencia poda:
la “víctima” alega: animadversión;
ya no combate aquello que incomoda
perpetuando repugnante opresión.
Obtiene absoluciones con cinismo,
comerciando al justo por arribismo.
No hay redención donde triunfa el clamor;
la trama exige víctimas de herencia.
¿Toda pregunta es signo de traidor?
Cada reserva implica resistencia.
Mientras jura defender la razón,
decapita al criterio en su ascensión.
Bajo el yugo del nuevo credo humano
no muere el cuerpo: se mata la idea.
El mismo fuego cambia de artesano,
más salvaguarda la antigua tarea.
La tribu idólatra su servidumbre,
llamando ilustración a la costumbre.
La Hechicera de las Letras.
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Autor:
La Hechicera de las Letras (
Offline) - Publicado: 29 de julio de 2026 a las 03:01
- Categoría: Sin clasificar
- Lecturas: 7

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