La tribu del silicio ante la hoguera.
Marcha la masa en horda digital,
su dedo unge así condena al instante;
vende virtud el torvo criminal
que hace del miedo su blasón brillante.
No hay discusión donde reina el pregón,
todo disenso se torna infracción.
Arde quien nombra aquello que ha advertido,
linchado en plazas de lumbre virtual;
la concurrencia ovaciona el balido
y el mediocre adopta el gesto ritual.
Fingen piedad con ademán sereno,
mientras derraman el dulce veneno
Visten de ciencia lo rancio y ficticio,
exhuman taras, mutilan la escoria;
basta un rumor para erigir el juicio,
docta genuflexión para la historia.
Nadie cuestiona la verdad impresa
donde enlodado el rebaño tropieza.
Gira la rueda y la conciencia poda:
la “víctima” alega: animadversión;
ya no combate aquello que incomoda
perpetuando repugnante opresión.
Obtiene absoluciones con cinismo,
comerciando al justo por arribismo.
No hay redención donde triunfa el clamor;
la trama exige víctimas de herencia.
¿Toda pregunta es signo de traidor?
Cada reserva implica resistencia.
Mientras jura defender la razón,
decapita al criterio en su ascensión.
Bajo el yugo del nuevo credo humano
no muere el cuerpo: se mata la idea.
El mismo fuego cambia de artesano,
más salvaguarda la antigua tarea.
La tribu idólatra su servidumbre,
llamando ilustración a la costumbre.
La Hechicera de las Letras.
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Autor:
La Hechicera de las Letras (
Offline) - Publicado: 29 de julio de 2026 a las 03:01
- Categoría: Sin clasificar
- Lecturas: 48
- Usuarios favoritos de este poema: Antonio Pais, Lualpri, Mauro Enrique Lopez Z., Javier Julián Enríquez, JordiCris ✍️, LOURDES TARRATS, Éusoj Nidlaj, Llaneza, Anita del Perú., Sheilo Sanz, Santiago Alboherna, Daniel Omar Cignacco, Nelly Cevallos - Liora, Jhetse, LuJITar, Pedro Novoa Pavon Novoa, Alek Hine, Mª Pilar Luna Calvo, CBR, Emilia🦋, Ricardo Castillo.

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Comentarios4
Antes se linchaba en las plazas públicas y hoy se lincha al publicar sin importar razonamientos porque se trata de bo dejar pensar. Como dijo Lincoln «No hay hombre lo bastante bueno para gobernar a otro sin su consentimiento» Me ha encantado tu poema crítico
Las hogueras jamás necesitaron leña; les bastó la obediencia. Hoy el verdugo no alza una antorcha: desliza un dedo y cree haber dictado justicia. La multitud siempre encuentra una liturgia para absolver su prisa y condenar la duda. Quien aún concede un lugar al razonamiento ya ha dado un paso fuera del rebaño.
Referente a la crítica, esta pierde oficio cuando sólo busca agradar.
La Hechicera de las Letras.
Totalmente de acuerdo
Muchas gracias por este gran poema, «La tribu del silicio ante la hoguera», cuyas ideas formalmente objetivadas creo que constituyen una reflexión lúcida y conmovedora acerca de las dinámicas de la sociedad contemporánea. En este sentido, se aprecia que se aborda un análisis de la influencia de la esfera digital en la formación de la opinión y la supresión del pensamiento crítico; pero pienso que bajo el dominio de quienes ostentan el poder y moldean dicha esfera digital a su favor. En este contexto, se ilustra cómo la colectividad, inmersa en un torbellino de información acelerada, tiende a reemplazar el debate razonado por la condena rápida y la conformidad. Se presenta, pues, con destreza la modificación del discurso, en el cual la crítica se transforma en acusación y el disenso se sanciona como una infracción. Desde esta perspectiva, el poema aborda con notable sensibilidad los mecanismos de la cultura de la cancelación y el linchamiento virtual. Aquellos que se atreven a cuestionar o señalar las deficiencias en el discurso dominante son a menudo marginados y estigmatizados, siendo objeto de un juicio sumario en dicho ámbito virtual. A este respecto, la masa, persuadida por la aparente unanimidad y la adopción de gestos de falsa piedad, parece adoptar la mediocridad y la subordinación acrítica a la «verdad impresa», frecuentemente disfrazada de cientificidad. Llegados a este punto, podríamos argüir que la «víctima» alega sufrir animadversión, un sentimiento de hostilidad o aversión. Sin embargo, en lugar de abordar directamente aquello que le incomoda, pareciese recurrir a una estrategia de perpetuación de la opresión, lo cual pudiese generar una contradicción fundamental en su posición. En este aspecto, la pregunta sobre la resistencia ante el cuestionamiento subraya la atmósfera asfixiante que ahoga el pensamiento crítico: «¿Toda pregunta es signo de traidor?» Considerando esto, la conclusión extraída pudiere parecer una reflexión sombría, pero necesaria, sobre cómo, bajo el «yugo del nuevo credo humano», la idea se desvanece y la tribu confunde la costumbre con la ilustración, perpetuando de este modo un ciclo de servidumbre e idolatría.
Recibe un cordial saludo y fuerte abrazo con mi más afectuoso aprecio
Has leído más allá de sus llamas visibles. No es la pantalla el verdadero enemigo, sino la antigua inclinación humana a convertir la convicción en arma y la multitud en tribunal.
Cambian los templos, cambian los altares, cambian los sacerdotes; pero la humanidad conserva esa extraña devoción por fabricar herejes cuando la duda comienza a irritar.
El inconveniente nunca fue únicamente quién habla, sino quién decide que ciertas preguntas ya no merecen ser pronunciadas. Allí comienza la lenta demolición del pensamiento: no cuando una respuesta es errónea, sino cuando una pregunta se vuelve imperdonable.
Hay un punto donde tu lectura desplaza parte del conflicto hacia quienes controlan la esfera digital y moldean el discurso desde posiciones de poder. Es una interpretación posible; sin embargo, el poema logra ir incluso más lejos: la amenaza no reside únicamente en quienes dirigen o manipulan, sino también en la propia multitud que, convencida de defender una “virtud”, termina reproduciendo mecanismos de exclusión y censura.
La pira no necesita siempre de un verdugo visible; a veces son las propias manos de la colectividad las que acercan la llama mientras creen estar protegiendo la justicia. Ahí está una de las inquietudes centrales del poema: no solo quién enciende el fuego, sino quién acepta sostener la antorcha convencido de que ilumina.
La Hechicera de las Letras.
Hechicera, celebro sentidamnt tu retorno, cual campanario lúgubre aquellas golondrinas primeras.
Se necesitan espadas afiladas y atrevidas q corten esa monotonía de encaje q envuelve el Portal.
Estos versos afilados y brillantes parecen iluminar un sótano lleno de ratas; parecen levantar un mosaico viejo del suelo desde donde huyen las cucarachas; parecen erigirse cual antorcha en un oscuro callejón del puerto; parecen buenos, muy buenos versossss
No obstante la tesis del poema, arguyo que hoy tenemos libertad en las redes. Sí, herida por todas las cuestiones que tu poema esgrime. Cercenada por esa horda digital que aludís, pero Libertad al fin.
Numquam ignis extingueatur, cara Maga
Las civilizaciones Poeta Carente, rara vez advierten el instante en que empiezan a renunciar a sí mismas. Ninguna servidumbre se anuncia; llega envuelta en argumentos, en costumbres y en palabras que tranquilizan la conciencia. Lo inquietante no es que el hombre conserve la facultad de hablar, sino que termine olvidando aquello que ya no se atreve a pensar. Ese ha sido siempre el triunfo más refinado de cualquier época sobre sus propios hijos.
La palabra suele sobrevivir a la libertad. Su agonía no comienza en el silencio, sino cuando la conciencia empieza a justificar aquello que ayer habría juzgado inadmisible.
Penna acuta in tenebris fulget.
La Hechicera de las Letras.
tu hipótesis parece sólida...
Penna acuta in tenebris fulget, cara Maga
Muy bello poema poeta.
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