Tercer poema de la ausencia (A mi amada esposa, Semper fi)

José Luis Barrientos León

 

Si el mañana te encuentra sin mi presencia efímera,

no quiebres la elegancia de tu andar por la tierra.

El destino es un dios que no escucha lamentos;

acepta el fin con mente imperturbable.

 

Cuando el silencio habite el espacio vacío,

recuerda los momentos que el tiempo nos dio.

Míralos como el río que pasó y no regresa;

fuimos la sombra breve de una tarde de verano.

 

Si la noche dilata su curso en tu desvelo

y el llanto cae oculto, sin alterar el aire,

pronuncia el nombre mío en tus meditaciones.

No pidas el descanso que la muerte ya otorga;

evócame tan solo para vencer la nada.

 

No te pierdas, sumisa, en el dolor estéril,

ni desgastes los días llorando mi ceniza.

La vida es un destello entre dos noches largas;

corona tu cabeza con flores y sonrisas.

Sigue el viaje, aunque yo ya haya cruzado el río.

 

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