Ha caído el día herido tras la guerra
y lentamente sucumbe ante la oscuridad;
la tarde llena de sangre
y la agonía en el viento.
Solo contempla la vida; mira al mar llorando,
luego de caer sobre su pecho hasta apagar
el sol a mordidas... ¡Oh que desgracia plena!
He aquí a la muerte disfrazada de noche
arrullando con cantos indescifrables:
No temas, que yo solo soy un fragmento,
una emboscada de lejanía con sabor a pasado
pero néctar de la mañana; llevo en mi esencia
sueños sobre las flores y brisa en la melodía.
No temas que pronto volverás a expandir
tus alas sobre el horizonte anunciando tu nacimiento.
El día a punto de lanzar un último suspiro
desgarro su voz en un solo jadeo:
¡Déjame ver por última vez mi cuerpo,
déjame sentir la memoria y beberla
por favor, aquí está el frío y me lástima,
no seas una tiniebla en estos últimos momentos!
Quizás mi llegada unos la vean cruel
pero es un valioso consuelo para quien sufre,
dejaré aquí mis palabras y te prometo la inmortalidad.
Así fue como el día murió siendo un letargo
y la noche se adueñó de la tierra.
Aquella batalla se hizo mientras
nosotros impasibles seguimos la rutina.
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Autor:
David Pech (Seudónimo) (
Offline) - Publicado: 27 de julio de 2026 a las 22:08
- Categoría: Naturaleza
- Lecturas: 6
- Usuarios favoritos de este poema: Antonio Pais

Offline)
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