David Eduardo

El fin del día

Ha caído el día herido tras la guerra

y lentamente sucumbe ante la oscuridad;

la tarde llena de sangre

y la agonía en el viento.

 

Solo contempla la vida; mira al mar llorando,

luego de caer sobre su pecho hasta apagar

el sol a mordidas... ¡Oh que desgracia plena!

 

He aquí a la muerte disfrazada de noche

arrullando con cantos indescifrables:

 

No temas, que yo solo soy un fragmento,

una emboscada de lejanía con sabor a pasado

pero néctar de la mañana; llevo en mi esencia

sueños sobre las flores y brisa en la melodía.

No temas que pronto volverás a expandir

tus alas sobre el horizonte anunciando tu nacimiento.

 

El día a punto de lanzar un último suspiro 

desgarro su voz en un solo jadeo:

 

¡Déjame ver por última vez mi cuerpo,

déjame sentir la memoria y beberla

por favor, aquí está el frío y me lástima,

no seas una tiniebla en estos últimos momentos!

 

Quizás mi llegada unos la vean cruel

pero es un valioso consuelo para quien sufre,

dejaré aquí mis palabras y te prometo la inmortalidad.

 

Así fue como el día murió siendo un letargo

y la noche se adueñó de la tierra.

Aquella batalla se hizo mientras

nosotros impasibles seguimos la rutina.