Hace tiempo habitaba en la luna,
lloraba cuando era menguante
y solo quería ir al planeta que
enfrente de mis ojos lucia mejor.
Poco a poco fui admirando más
sus partes verdes y su mar,
poco a poco fui bajando de la cuerda
poco a poco fui prendiendo la luz.
Vi los ojos de mi nueva madre,
yo no media más de treinta centímetros
sentía los latidos de mi corazón
y al seguir mirando, Iloré del susto.
¿Estaba en el planeta que soñaba?
Era muy borroso para ser aquel
muy fúnebre, muy seco, muy tosco.
Al salir de aquel hospital
no había ningún árbol para mirar,
todo lleno de focos
letreros, luz artificial.
Al subirme a un coche amarillo
y dirigirme a un largo camino
no vi agua, no vi verde
todo era tan simple y plano,
tan gris, tan fúnebre.
Personas con caras rancias
y risas invertidas,
todos en sus respectivos caminos
nunca mirando arriba.
Seguí en el camino de asfalto
y después de haber recorrido
miles de kilómetros, a mi suerte
encontré arriba de una casa vieja
¡Un árbol, un árbol gigante!
Un árbol que cubría toda la tierra
sus hojas median 3 metros cada una
y su tronco rompía multiples casas
vi la belleza de la vida
y no dude en pedir que me bajaran
para acariciar a aquel árbol sublime.
Quise meterlo en la cajuela del coche
pero aún no tenía la fuerza emocional suficiente.
Volví a la luna feliz
y me repetia chispeante:
"Algún día, algún diciembre"
Y seguí diciendo:
Haré ver al mundo gris y funebre
este majestuoso árbol gozoso de vida
gozoso de colores, de risas,
de todo lo que en la ciudad falta.
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Autor:
Jared Rosado (Seudónimo) (
Offline) - Publicado: 27 de julio de 2026 a las 16:18
- Categoría: Surrealista
- Lecturas: 6
- Usuarios favoritos de este poema: Antonio Pais

Offline)
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