Jared Rosado

Mundo fĂșnebre

Hace tiempo habitaba en la luna, 

lloraba cuando era menguante 

y solo quería ir al planeta que

enfrente de mis ojos lucia mejor.

 

Poco a poco fui admirando más 

sus partes verdes y su mar,

poco a poco fui bajando de la cuerda 

poco a poco fui prendiendo la luz.

 

Vi los ojos de mi nueva madre, 

yo no media más de treinta centímetros 

sentía los latidos de mi corazón

y al seguir mirando, Iloré del susto.

 

¿Estaba en el planeta que soñaba?

Era muy borroso para ser aquel 

muy fúnebre, muy seco, muy tosco.

 

Al salir de aquel hospital

no había ningún árbol para mirar,

todo lleno de focos

letreros, luz artificial.

 

Al subirme a un coche amarillo 

y dirigirme a un largo camino 

no vi agua, no vi verde 

todo era tan simple y plano,

tan gris, tan fúnebre.

 

Personas con caras rancias 

y risas invertidas, 

todos en sus respectivos caminos

nunca mirando arriba.

 

Seguí en el camino de asfalto 

y después de haber recorrido 

miles de kilómetros, a mi suerte 

encontré arriba de una casa vieja

¡Un árbol, un árbol gigante! 

 

Un árbol que cubría toda la tierra 

sus hojas median 3 metros cada una 

y su tronco rompía multiples casas

vi la belleza de la vida 

y no dude en pedir que me bajaran

para acariciar a aquel árbol sublime.

 

Quise meterlo en la cajuela del coche 

pero aún no tenía la fuerza emocional suficiente.

 

Volví a la luna feliz 

y me repetia chispeante: 

\"Algún día, algún diciembre\"

 

Y seguí diciendo: 

Haré ver al mundo gris y funebre 

este majestuoso árbol gozoso de vida

gozoso de colores, de risas, 

de todo lo que en la ciudad falta.