Dije en mi corazón: «¿Dónde está aquella para quien fue tejido mi destino? ¿En qué sendero florecen sus pasos? ¿Bajo qué cielo pronuncia mi nombre sin saber todavía que me llama?»
Y una voz silenciosa respondió: «No temas a los caminos largos, ni a las estaciones que parecen vacías. El Amor conoce la hora en que dos almas deben encontrarse.»
Aunque mis días se extravíen entre sombras y mis pasos recorran tierras desconocidas, sé que existe un camino que conduce hasta ti.
Porque no nacimos para perdernos, sino para reconocernos.
Y cuando nuestros ojos se encuentren, el tiempo inclinará su frente, el silencio cantará como un río, y nuestros corazones se reconocerán como la tierra reconoce la lluvia y el amanecer reconoce al sol.
Entonces diré: «He aquí la amada que mi alma aguardaba. La que fue escrita en mis noches
antes de conocer su rostro.
La que el Altísimo guardó hasta que el tiempo estuviera colmado.»
Y tú conocerás mi voz, como el ciervo conoce la fuente y el ave el camino hacia su nido.
No habrá duda entre nosotros, porque el amor verdadero no necesita explicarse.
Lo sentiremos en el alma, en la carne, y hasta en los huesos, como un fuego antiguo que jamás dejó de arder, aunque aún no nos hubiéramos encontrado.
Y bendeciremos el día en que el destino abrió sus puertas, porque comprenderemos que toda espera era un himno, y toda distancia, la promesa secreta de nuestro encuentro.
-
Autor:
RONALD TADEO RAMIREZ ELIZALDE (SeudΓ³nimo) (
Offline) - Publicado: 26 de julio de 2026 a las 20:43
- CategorΓa: Amor
- Lecturas: 9
- Usuarios favoritos de este poema: Mauro Enrique Lopez Z., JUSTO ALDΓ

Offline)
Para poder comentar y calificar este poema, debes estar registrad@. RegΓstrate aquΓ o si ya estΓ‘s registrad@, logueate aquΓ.