EL BANQUETE DE CENIZAS

mauro marte

Este sabor a derrota que se instala en la boca,

tierna y amarga, como un sorbo de ajenjo maldito,

que se traga en la vejez, cuando la mente evoca

un ejército de sueños muertos que no dan ni un grito.

 

Son cadáveres que hieden a una eterna ausencia,

a la lejanía de lo que pudo ser y se ha ido;

un olor a tierra quemada que invade la conciencia,

con esqueletos regados en el mapa del olvido.

 

En esta vida marchita, donde el frío se abraza,

ya hasta el acto de soñar se vuelve una carga pesada,

y las ilusiones que alguna vez fueron alma

hoy se hunden en el pecho como una trapera puñalada.

 

No queda pan en la mesa,  solo el rancio veneno

de contemplar el paisaje que las ansias arrasaron;

el viejo dios se ahoga en su propio terreno,

donde incluso los recuerdos, de tanto doler, se secaron.



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