Ya nadie quiere merecer el verbo;
prefieren el bostezo a la jornada.
La mente, que nació para el asombro,
hoy vive de limosnas en pantalla.
Se sienten escritores por dictarle
dos frases mal cosidas a una máquina;
confunden el ingenio con la prisa
y el brillo del atajo con la gracia.
La pluma les produce urticaria;
la duda les parece una desgracia.
Si un verso exige sangre entre los dientes,
lo llaman pretensión aristocrática.
Jamás conversan solos con la hoja,
ni aceptan que el error también educa;
quisieran el laurel sin la fatiga,
la cima sin el peso de la ruta.
La musa ya no llama: la despiden.
Molesta cuando exige inteligencia.
Qué importa si la frase está vacía,
si obtiene aprobación por apariencia.
Se ríen del que tacha y reescribe,
del terco que persigue una cadencia;
ignoran que la música del verso
se forja donde sangra la paciencia.
Hoy todos quieren título de artista,
mas pocos soportaron ser aprendices.
La gloria, sin sudor, les sabe justa;
el mérito les parece un despropósito.
La lengua se marchita por desuso;
la idea muere antes de nacer.
Pensar se volvió un lujo insoportable;
repetir, un oficio de alquiler.
Qué fácil es fingirse visionario
cuando otro carga el peso de la obra;
qué cómoda resulta la insolencia
del necio que presume lo que roba.
Quizá la gran tragedia de este siglo
no sea la velocidad del mundo:
es ver que la pereza fue tan hábil
que ahora se hace llamar orgullo.
-
Autor:
Loiiz. (Seudónimo) (
Offline) - Publicado: 24 de julio de 2026 a las 21:47
- Categoría: Sin clasificar
- Lecturas: 8
- Usuarios favoritos de este poema: Mario Rodolfo Poblete Brezzo., Tommy Duque, MIM (Fideo de Mileto)

Offline)
Comentarios1
Cuanta verdad hay en lo escrito.
Nada que ver son lo vivido anteriormente.
Gracias por compartir.
Cuidate
Manel
Gracias por encontrar algo de verdad, en lo escrito, fuerte abrazo.
Para poder comentar y calificar este poema, debes estar registrad@. Regístrate aquí o si ya estás registrad@, logueate aquí.