No son las alas limpias del destino,
sino el polvo que se adhiere a los zapatos;
ahí es donde el hombre, a tientas,
descifra el peso de su propia historia.
Ya no hay palomas que rescaten los laureles;
la aurora llega blanca y en silencio,
mientras el día se abre entre las manos
agrietadas de quien lo labra.
Ningún sueño se alcanza sin tributo;
toda raíz desgarra la tierra.
Vencer es aprender el tacto
de esta antigua herida de ser humano.
Nuestra victoria nunca viene alada:
camina lento, con el paso herido,
sosteniendo el alma en la tormenta,
sabiendo que doblarse no es caer.
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Autor:
Luis Rayo (Seudónimo) (
Offline) - Publicado: 21 de julio de 2026 a las 12:10
- Categoría: Sin clasificar
- Lecturas: 8
- Usuarios favoritos de este poema: Lourdes Aguilar, Javier Julián Enríquez, Mauro Enrique Lopez Z., LuJITar, alicia perez hernandez

Offline)
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