Luis Rayo

LA VICTORIA

No son las alas limpias del destino,
sino el polvo que se adhiere a los zapatos;
ahí es donde el hombre, a tientas,
descifra el peso de su propia historia.

Ya no hay palomas que rescaten los laureles;
la aurora llega blanca y en silencio,
mientras el día se abre entre las manos
agrietadas de quien lo labra.

Ningún sueño se alcanza sin tributo;
toda raíz desgarra la tierra.
Vencer es aprender el tacto
de esta antigua herida de ser humano.

Nuestra victoria nunca viene alada:
camina lento, con el paso herido,
sosteniendo el alma en la tormenta,
sabiendo que doblarse no es caer.