I
El viento trae lo que la tierra olvida.
Una hoja cae, y en su caída lenta
no cae la hoja, cae mi propia vida
en una cuenta que nadie más cuenta.
Cada pétalo suelto que se aleja
es un fragmento de este yo difuso;
la rama se libera, no se queja,
y yo me quedo con el bien confuso.
¿Quién soy si me desprendo a cada instante?
¿El árbol firme o la hojarasca vana?
Soy solo un transeúnte de mí mismo,
que mira el patio desde la ventana.
II
Morir en abril es un error del tiempo,
o acaso el único modo de ser lógicos.
Todo comienzo arrastra su desecho,
toda flor que vuela es un cadáver libre
que busca su epitafio en el cementerio del césped.
Me duele el ciclo porque no lo domino.
Asisto a mi propia dispersión botánica
con la frialdad de quien cuenta monedas ajenas.
Hay tanta muerte en lo que está brotando,
y tanta vida en lo que ya se pudre,
que ser consciente es solo una manera
de congelar la tarde.
III
Miro el tronco y envidio su destino.
Él no piensa el invierno, solo existe.
Tiene la certidumbre de la madera,
la terquedad de quedarse en el patio
mientras yo me mudo de alma siete veces al día.
Crear un sueño es prolongar las ramas;
sostener el mundo es la tarea del suelo.
Al final, este árbol cumple su oficio ciego
y me dicta, sin saberlo, la única ley que me queda,
durar es el milagro,
aunque por dentro todo se deshoje
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Autor:
Jose Barrientos (Seudónimo) (
Offline) - Publicado: 21 de julio de 2026 a las 11:53
- Categoría: Sin clasificar
- Lecturas: 9
- Usuarios favoritos de este poema: Daniel Omar Cignacco, alicia perez hernandez, Lualpri, Lourdes Aguilar, Tito Rod, Mauro Enrique Lopez Z.

Offline)
Comentarios1
Crear un sueño es prolongar las ramas;
sostener el mundo es la tarea del suelo.
Al final, este árbol cumple su oficio ciego
y me dicta, sin saberlo, la única ley que me queda,
durar es el milagro,
aunque por dentro todo se deshoje
Hermoso poema.
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