Trenes

Nicolás Alejandro Gabriel

Te creí mi suerte,

trébol de cuatro hojas nacido por error

entre la multitud de los días.

Por eso, amar amarte, amor, fue tan simple.

Un juego de sortijas para niños.

Un inocente llamado al amor.

 

Pero contigo tuve que aprender amar solo con los ojos,

a deshoras, en silencio,

sintiéndome un secreto a voces en oídos ciegos.

 

Y tú solamente me olvidaste,

como esa luz que alguien dejó encendida

en aquel hangar

donde duermen los trenes.



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