Siempre te creí mi trébol de cuatro hojas entre la multitud treboles.
Por eso, amar amarte, amor, fue simple.
Un juego de sortijas para niños.
A decir verdad, lo fuiste todo.
Pero contigo tuve que aprender amar solo con los ojos,
a deshoras, en silencio,
sintiéndome un secreto a voces en oídos ciegos.
Y tú solo me olvidaste,
como esa luz que alguien dejó encendida
en aquel hangar
donde duermen los trenes.