La de siempre, la de nunca.

Nataly Olarte

Ahí viene de nuevo ella...

 

tan hermosa, tan etérea, tan cercanamente inalcanzable.

Es una visita temporal que se posa en mis ramas cual ave migratoria.

Se acurruca en mi nido con la primavera bajo sus alas, disfrazándome la boca de invierno cuando las bate anunciando su partida.

Ella se presenta en diferentes cuerpos, con tan preciosas formas que deslumbrarse es solo la consecuencia debida.

Ella, la de siempre, la de nunca, la que inserta un tal vez entre su mano y mi mano.

Su nombre varía, cambia la forma de su cabello y hasta el tono de sus pieles.

Pero allí muy dentro, está ella, la de siempre, la de nunca.

 

Mágica, poética, dueña de todas mis letras

dueña de mí sin reclamarme suya, sin proclamarse mía.

Y ahí voy yo de nuevo, a refugiarme en su precipicio, a zambullirme entre sus mieles, sin reparo ni protección para la siguiente caída anunciada.



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