Veo hundirse;
hundirse el barco
con todos adentro.
Pero yo;
yo ya no puedo.
He perdido la fuerza,
las ganas,
el deseo.
Veo hundirse el barco;
lo veo a lo lejos.
Me quedo atontada,
mirando.
Porque me pesan las manos,
me pesa el cuerpo
y ya no quiero.
Dejo que todo se hunda,
se hunda lento.
Me quedo mirando
el desastre,
resignada,
porque nunca tuve
fuerza suficiente
para salvarlos.
Me despido
con una lágrima
que se va secando
mientras cae por mi mejilla.
—Bethzaida | Gen6
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Autor:
Gen6 (Seudónimo) (
Offline) - Publicado: 16 de julio de 2026 a las 19:44
- Categoría: Triste
- Lecturas: 10
- Usuarios favoritos de este poema: Tito Rod, alicia perez hernandez, Noa Subin, Lualpri

Offline)
Comentarios2
Hay un momento en la vida en que comprendemos que no todos los naufragios pueden evitarse. Crecemos creyendo que amar es sostener, rescatar, cargar con el peso de los demás. Pero el cuerpo tiene un límite y el alma también.
Este poema no habla de rendirse por indiferencia. Habla del agotamiento de quien lo intentó durante demasiado tiempo. De esa culpa silenciosa que aparece cuando entendemos que, por más amor que exista, no siempre podemos salvar a quienes no desean o no pueden salir del agua.
El barco es un símbolo. Puede ser una familia, una relación, una amistad o cualquier historia que se desmorona ante nuestros ojos. No celebro el hundimiento; simplemente reconozco que ya no quedan fuerzas para detenerlo.
A veces, el acto más difícil no es salvar. Es aceptar que también nosotros merecemos dejar de hundirnos con los demás.
—Bethzaida | Gen6
Es un poema crudo y doloroso que explora los límites de la resistencia humana, el agotamiento emocional y la rendición ante circunstancias abrumadoras. Transmite una profunda sensación de vacío y desasosiego.
Apreciada amiga poeta, reciba mis saludos.
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