Él no abraza constantemente,
te arropa con cariño usando una
manta, creo que con él no existe
el frío… solo galletas y protección.
Cuando uno se equivoca,
siempre está ahí para explicarte
dónde fallaste, aunque siempre
estabas en lo incorrecto, aceptaba
tus arrepentimientos.
Era difícil odiarlo… porque
sabía qué decirte, cómo animarte,
incluso sabía tus manías, supongo
que así son los ángeles de azul,
felices, pacientes y amables.
Yo quisiera ser como él,
porque su paciencia es infinita,
sus palabras eran educadas,
¡Dios! Cómo lo extraño mucho,
¡Regresa, ser de luz!
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Autor:
Princesa (Seudónimo) (
Offline) - Publicado: 16 de julio de 2026 a las 14:54
- Categoría: Triste
- Lecturas: 8
- Usuarios favoritos de este poema: alicia perez hernandez, Mª Pilar Luna Calvo, Mauro Enrique Lopez Z., Poesía Herética, Salvador Santoyo Sánchez

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