Él no abraza constantemente,
te arropa con cariño usando una
manta, creo que con él no existe
el frío… solo galletas y protección.
Cuando uno se equivoca,
siempre está ahí para explicarte
dónde fallaste, aunque siempre
estabas en lo incorrecto, aceptaba
tus arrepentimientos.
Era difícil odiarlo… porque
sabía qué decirte, cómo animarte,
incluso sabía tus manías, supongo
que así son los ángeles de azul,
felices, pacientes y amables.
Yo quisiera ser como él,
porque su paciencia es infinita,
sus palabras eran educadas,
¡Dios! Cómo lo extraño mucho,
¡Regresa, ser de luz!