El banquito de madera
Dejé el peso del cuerpo en el pasillo.
Entro a la biblioteca silenciosa
donde el tiempo no tiene orillas.
Al fondo, junto a la ventana,
dos hombres comparten la misma tarde
en un banquito de madera.
Uno sostiene un libro gastado contra el pecho;
el otro mira el polvo flotar en la luz,
como si contara las olas de un mar lejano.
Me acerco despacio,
con el miedo temblando en los zapatos.
—Perdonen la interrupción —les digo en un susurro—.
Abajo la vida sigue doliendo,
pero sus versos nos salvan del invierno.
César me mira con sus ojos tristes,
esos que conocen el frío de todos los hombres,
y me hace un sitio a su lado.
Pablo sonríe de lado, en silencio,
y empuja un volumen hacia mis manos.
—Lee despacio —susurra—. Ahí guardamos el fuego.
Les pregunto por el poema que no escribieron,
por la palabra que se les quedó atrapada en la garganta.
No hay discursos grandiosos.
Solo tres almas sentadas en la penumbra,
repasando las mismas heridas,
contemplando el milagro de la tinta.
El cielo allá afuera se vuelve de agua.
Abro el volumen en silencio.
Comprendo entonces el milagro:
los muertos nunca callan;
solo esperan que alguien abra sus libros.
Autor
© Nelly Cevallos-Liora
15 de julio al año 2026
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Autor:
Nelly Cevallos - Liora (Seudónimo) (
Offline) - Publicado: 15 de julio de 2026 a las 01:53
- Comentario del autor sobre el poema: Todos derechos reservados 15 de julio al año 2026 — © Nelly Cevallos — Lloria
- Categoría: Sin clasificar
- Lecturas: 20
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Comentarios6
Qué hermoso homenaje a la poesía y a quienes siguen acompañándonos desde sus libros.
Me emociona la naturalidad con la que César Vallejo y Pablo Neruda dejan de ser monumentos para convertirse en dos hombres sentados en un humilde banquito de madera, compartiendo el mismo silencio y el mismo fuego.
Solo una voz poética con un universo propio puede dialogar así con los grandes, sin imitarlos y sin perder su identidad.
Admiro cómo tu escritura sigue evolucionando; conserva esa intensidad que la caracteriza, pero aquí se abre también a la gratitud y a la esperanza.
Y qué hermoso cierre: «Los muertos nunca callan; solo esperan que alguien abra sus libros.»
Nos recuerda que la escritura, como todo verdadero acto de creación, trasciende el tiempo.
Quizá lo único que permanece de nuestro paso por el mundo sea aquello que fuimos capaces de crear y de dejar latiendo en los demás.
Gracias por seguir construyendo un universo poético tan honesto y tan vivo.
Leer tus versos es recordar que la buena poesía nunca termina en la última página; continúa respirando en quien la recibe.
Un abrazo muy fuerte querida Poetisa
Querido GonJ.
Gracias por una lectura tan atenta y tan generosa. Me emocionó comprobar que percibiste justamente lo que quise hacer: acercarme a Vallejo desde el respeto, no para imitar su voz, sino para conversar con ella desde mi propia experiencia.
Saber que sentiste a esos dos poetas como hombres sentados en un sencillo banquito de madera me confirma que el poema encontró el camino que buscaba. Y tus palabras sobre ese último verso me acompañarán durante mucho tiempo.
Gracias por caminar tan cerca de mis letras y por leerlas siempre con esa profundidad que las enriquece.
Recibo con mucho cariño tu abrazo y te envío otro, con toda mi gratitud.
— LIORA
Quierida Liora:
Has logrado construir una atmósfera mágica, casi onírica, donde la lectura se revela como lo que verdaderamente es: un diálogo vivo con quienes ya no están. César Vallejo y Pablo Neruda, a los que descubro insinuados entre estos preciosos versos, estarían orgullosos del homenaje que les rindes con este delicioso poema. Además, es muy hermoso que no los sitúes como figuras inalcanzables en pedestales de mármol, sino en un humilde "banquito de madera". Te hacen sitio a su lado, igualando la condición humana del creador y del lector para repasar "las mismas heridas".
Un fuerte abrazo.
Querido Desalmado.
Gracias por una lectura tan sensible. Me emocionó que vieras a Vallejo y a Neruda como dos hombres que aún pueden sentarse a compartir un banquito con cualquiera que llegue a buscarlos entre sus páginas. Esa cercanía era el corazón del poema, porque la verdadera grandeza de los maestros también está en seguir acompañándonos desde una humanidad que nunca dejó de latir.
Gracias por caminar unos instantes conmigo por esa biblioteca.
Recibo con mucho cariño tu abrazo y te envío otro de vuelta.
— LIORA
Recalco el emocionante recuerdo de tantos banquitos modestos, testigos de profundas vivencias en torno al arte y la vida.
Objetos, escenas y personas, a las que no solemos prestar la debida atención.
Queda patente que constituyen verdaderos saleros existenciales, peculiares e inigualables.
Disfruté leyendo este banquito de madera.
Saludos cordiales.
Querido Rafael.
Me alegró mucho tu lectura, porque descubriste en ese banquito algo que para mí también era esencial: esos lugares discretos que, sin llamar la atención, terminan guardando algunos de los momentos más valiosos de nuestra vida. Tu expresión saleros existenciales me pareció una imagen preciosa; nunca habría pensado en el poema desde esa perspectiva y, sin embargo, dialoga perfectamente con él.
Gracias por detenerte en El banquito de madera y por regalarme una reflexión que amplía su significado.
Recibe un cordial abrazo.
— LIORA
Querida amiga Liora: tu poema es un bellísimo ejercicio de claroscuro literario, un lienzo donde la penumbra de la biblioteca se rompe por el milagro de la luz y el fuego. Logras suspender el tiempo y la muerte en ese banquito de madera, transformando el acto de leer en una comunión sagrada y profundamente humana.
Es conmovedor cómo haces convivir la pesadumbre existencial de Vallejo y la vitalidad lírica de Neruda en un espacio tan íntimo. Nos recuerdas, con una sensibilidad intelectual exquisita, que la literatura no es un archivo de voces extintas, sino un refugio vivo contra el invierno del mundo. Has escrito un homenaje bellísimo al consuelo de la palabra y a la inmortalidad de la tinta. Gracias por recordarnos que los poetas solo aguardan nuestro silencio para volver a encender el fuego.
Otra excelente obra. Te felicito!
Desde mi isla, un fuerte abrazo, porque:
POETAS SOMOS...
Querida Lourdes, amiga.
Qué maravilla encontrar una lectora capaz de recorrer el mismo sendero que el poema. Me emocionó la forma en que descubriste esa biblioteca como un lugar donde el tiempo deja de tener autoridad y la palabra mantiene encendido el fuego. También me conmovió que percibieras ese encuentro entre Vallejo y Neruda desde su condición profundamente humana, porque ese era el corazón de este homenaje.
Gracias por regalarme una lectura tan luminosa y por enriquecer el poema con tu propia sensibilidad. Comentarios como el tuyo hacen que una sienta que la conversación iniciada en los versos continúa mucho después de la última línea.
Devuelvo con mucho cariño ese abrazo que me envías desde tu isla.
POETAS SOMOS.
— LIORA
Qué bello poema con la presencia sublime de Pablo y César guardadas en las páginas de los poemas escritos y dejando al visitante la responsabilidad de seguir haciéndolo inspirado por tan altas figuras de las letras. Me gusta mucho como incluyes en tus poemas a los grandes poetas. Gracias por tus escritos Nelly.
Querido Jordi.
Muchas gracias por una lectura tan generosa. Me alegró saber que percibiste ese deseo de sentar a Pablo y a César no como figuras lejanas, sino como presencias que siguen acompañando e inspirando a quienes abrimos sus libros. Si el poema logra despertar en alguien las ganas de volver a ellos o de seguir escribiendo, siento que ya ha cumplido una parte muy hermosa de su camino.
Gracias por acompañar siempre mis letras con tanta calidez.
Un fuerte abrazo.
— LIORA
¡Qué poema tan conmovedor y bellamente construido, Liora!
Has creado una atmósfera íntima y poderosa, donde el silencio
de la biblioteca se llena de la resonancia de la vida, el dolor y, sobre todo,
la esperanza que emana de la palabra escrita.
Transmites melancolía, respeto, esperanza y una profunda conexión humana a través del acto de leer y compartir.
Te mando un abrazo fortísimo
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