El banquito de madera
Dejé el peso del cuerpo en el pasillo.
Entro a la biblioteca silenciosa
donde el tiempo no tiene orillas.
Al fondo, junto a la ventana,
dos hombres comparten la misma tarde
en un banquito de madera.
Uno sostiene un libro gastado contra el pecho;
el otro mira el polvo flotar en la luz,
como si contara las olas de un mar lejano.
Me acerco despacio,
con el miedo temblando en los zapatos.
—Perdonen la interrupción —les digo en un susurro—.
Abajo la vida sigue doliendo,
pero sus versos nos salvan del invierno.
César me mira con sus ojos tristes,
esos que conocen el frío de todos los hombres,
y me hace un sitio a su lado.
Pablo sonríe de lado, en silencio,
y empuja un volumen hacia mis manos.
—Lee despacio —susurra—. Ahí guardamos el fuego.
Les pregunto por el poema que no escribieron,
por la palabra que se les quedó atrapada en la garganta.
No hay discursos grandiosos.
Solo tres almas sentadas en la penumbra,
repasando las mismas heridas,
contemplando el milagro de la tinta.
El cielo allá afuera se vuelve de agua.
Abro el volumen en silencio.
Comprendo entonces el milagro:
los muertos nunca callan;
solo esperan que alguien abra sus libros.
Autor
© Nelly Cevallos-Liora
15 de julio al año 2026