Hay que secuestrar la tristeza, desterrarla; no por una eternidad, tan solo por unos días, quizá un mes. Amansarla y adiestrarla, alimentarla por momentos, quizá en las noches solitarias o a mitad del día, cuando uno se torna taciturno y sentipensante.
Hay que encerrar la tristeza, quitarle su pasaporte y su carné de identidad, dejarla vulnerable y sumisa. Quitarle las llaves de nuestro espíritu y cortarle las alas, para que venga solo cuando nos sea preciso el llanto.
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Autor:
Mil vaggio (
Offline) - Publicado: 13 de julio de 2026 a las 22:48
- Categoría: Sin clasificar
- Lecturas: 6
- Usuarios favoritos de este poema: Mauro Enrique Lopez Z., Sheilo Sanz, Pedro Novoa Pavon Novoa

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