Ella era la noche.
Sus sonidos.
La brisa suave.
La oscuridad.
Lo insondable.
Él era el sol.
Calor.
Energía.
Luz.
La verdad expuesta.
Dos fuerzas contrarias,
casi paralelas.
El enamorado eterno de la noche,
solo por un instante lograba alcanzarla.
Ella jugaba con sus ansias,
retirándose siempre ante el alba.
Con un guiño,
una sonrisa,
ocultando que el roce
la sonrojaba.
-Gen6
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Autor:
Gen6 (Seudónimo) (
Offline) - Publicado: 13 de julio de 2026 a las 12:41
- Categoría: Amor
- Lecturas: 13
- Usuarios favoritos de este poema: Daniel Omar Cignacco, Noa Subin, El desalmado, Nelly Cevallos - Liora, alicia perez hernandez, Lualpri, Mauro Enrique Lopez Z.

Offline)
Comentarios2
Has logrado capturar la esencia de lo que quería decir, pero de una forma que yo nunca hubiera podido.
Espero noticias tuyas
Saludos Noa
Gracias por comentar, estamos bien. Seguimos escribiendo.
¡Gen6! Me alegra muchísimo saber que están bien y que siguen escribiendo. Es genial que continúen con esa pasión.
Gracias por pasar a saludar y por tus palabras. ¡Un fuerte abrazo y mucho éxito con sus escritos!
La noche y el sol no son enemigos; son dos fuerzas opuestas que solo logran tocarse durante un instante. Ese breve encuentro me recordó a ciertas personas: aquellas que, aun siendo profundamente distintas, encuentran en la diferencia el motivo de su atracción.
Elegí el tango porque no es una danza de dominio, sino de diálogo. Hay acercamientos, distancia, tensión, espera y una conversación silenciosa entre dos cuerpos. Así imaginé a la noche y al sol: condenados a separarse, pero destinados a buscarse cada día.
Entre ellos existe una complicidad silenciosa que apenas se deja entrever. Estalla en el alba por un instante: un guiño, una sonrisa, un roce. Luego desaparece otra vez. Y quizá sea esa repetición infinita, ese breve encuentro que vuelve cada amanecer, la que convierte un instante en permanencia.
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