Cuando el balance es menos cero
y la luz se vuelve indiferente,
la música es ruido majadero,
un zumbido gris en la corriente.
La paleta pierde sus colores,
se hace insípida la vida en el lienzo,
ya no hay matices ni dolores,
solo un desierto denso.
Cuando el coste de soñar, despiadado,
triplica el beneficio del intento,
es más tierno el rincón deshabitado,
la oscuridad que duerme el pensamiento.
Y la fe, que antes era un faro vivo,
te ahoga en un vacío insondable,
un pozo de soledad, un lazo esquivo,
un peso mudo e implacable.
Cuando ya no sientes el abandono,
porque tú eres el abandono mismo,
la cruz deja de pesar en su trono
y se disuelve al borde del abismo.
En ese no estar, en ese fondo estéril, amar o no...
resulta ya inútil.
Cuando cuesta tanto sostener el día,
cuando no queda nada por qué estar,
el alma se apaga en su propia agonía
y el silencio aprende a respirar sin valía.
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Autor:
mauro marte (
Offline) - Publicado: 13 de julio de 2026 a las 12:03
- Categoría: Sin clasificar
- Lecturas: 10
- Usuarios favoritos de este poema: Tommy Duque, Jaime Correa, Daniel Omar Cignacco, alicia perez hernandez, Una voz, Salvador Santoyo Sánchez, Mauro Enrique Lopez Z.

Offline)
Comentarios2
El problema es que queremos que la cruz nos siga a nosotros y cumpla nuestros sueños, y no queremos seguir nosotros al crucificado Jesucristo y cumplir su voluntad no la nuestra, allí veo yo el quiebre del dilema.
Dios te bendiga.
AMEN AMEN AMEN. DIOS TE BENDIAG A TI Y A LOS TUYOS.
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