mauro marte

LA QUIEBRA

 

Cuando el balance es menos cero

 y la luz se vuelve indiferente,

la música es ruido majadero,

un zumbido gris en la corriente.

 

La paleta pierde sus colores,

se hace insípida la vida en el lienzo,

ya no hay matices ni dolores,

solo un desierto denso.

 

Cuando el coste de soñar, despiadado,

triplica el beneficio del intento,

es más tierno el rincón deshabitado,

la oscuridad que duerme el pensamiento.

 

Y la fe, que antes era un faro vivo,

te ahoga en un vacío insondable,

un pozo de soledad, un lazo esquivo,

un peso mudo e implacable.

 

Cuando ya no sientes el abandono,

porque tú eres el abandono mismo,

la cruz deja de pesar en su trono

y se disuelve al borde del abismo.

 

En ese no estar, en ese fondo estéril, amar o no...

resulta ya inútil.

 

Cuando cuesta tanto sostener el día,

cuando no queda nada por qué estar,

el alma se apaga en su propia agonía

y el silencio aprende a respirar sin valía.