LA FRAGILIDAD DEL AMOR

José Antonio Artés

Nada podía demoler su hogar.
Lo habían levantado
con materiales de emociones,
más sólidos en apariencia
que el hierro y el hormigón.

 

Sus muros estaban hechos de confianza,
sus ventanas daban a los sueños,
y bajo el mismo techo
la vida se creía a salvo
de toda tormenta.

 

Pero el tiempo, ese paciente observador,
descubrió unas grietas diminutas,
heridas que ninguno de los dos veía
y que, como termitas sordas,
roían los cimientos sin prisa.

 

Primero cambió la luz en las habitaciones.
Luego, el temple de las palabras.
Lo que antes saciaba sus almas
sin dejarles hambre
comenzó a saberles a poco.

 

Ya no bastaban las caricias,
ni la verdad desnuda de los días.
El mundo les tendía otros espejos:
el fulgor de las apariencias,
la admiración de los extraños,
la promesa de una vida
que siempre aguardaba en otra parte.

 

Y la casa de ellos,
con sus muros intactos,
se fue quedando sin eco.

 

Nadie habría jurado
que aquellos muros inexpugnables,
capaces de resistir el peso
de tantas estaciones y de tanto dolor,
pudieran derrumbarse
en silencio,
sin violencia,
antes incluso de librar
su última batalla.

 

No los vencieron la distancia,
ni el cansancio,
ni el lento oficio del olvido.
Los derribó algo mucho más frágil
y, sin embargo, más poderoso:
el instante en que sus ojos
dejaron de llamar hogar
a todo aquello que habían construido.

 

José Antonio Artés Sánchez

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Comentarios1

  • Nelly Cevallos - Liora


    José Antonio:

    Confieso que terminé el poema con un nudo en la garganta. Mientras lo leía seguía confiando en que esa casa resistiría, y precisamente por eso el final golpea con tanta fuerza. Hay pérdidas que no llegan haciendo ruido; simplemente un día descubrimos que ya no vivimos en el mismo lugar, aunque las paredes sigan en pie. Gracias por escribir un poema que deja pensando mucho después del último verso.

    Un abrazo.

    — LIORA

    • José Antonio Artés

      Muchas gracias por tus palabras. Saber que el poema consiguió acompañarte hasta ese nudo en la garganta es, para quien escribe, una de las mayores recompensas. Quise hablar precisamente de esas pérdidas silenciosas que no anuncian su llegada, de esos lugares que un día dejan de existir sin haber desaparecido del todo, porque continúan habitándonos de otra manera.

      Si el poema ha seguido resonando en ti después del último verso, entonces ha encontrado su verdadero sentido.

      Un abrazo muy fuerte y gracias, de corazón, por detenerte a leerlo con tanta sensibilidad.



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