*EL ARDUO AÑEJO DE LAS VIRTUDES*

Pedro Novoa Pavon Novoa

Si el ser humano no fuera de carne y hueso.
Sino de yeso, frágil e inerte, la humildad, paciencia y la sinceridad bastarían para que la humanidad alcanzará la divinidad.
Más el vino, para fundar su gloria, cruza por un proceso arduo y lento, hasta lograr, en su anhelado añejo, el sabor, el reposo y la exelencia ante el paladar.
Así, de manera sucesiva, maduran las virtudes del hombre constante.
Pues hay que aprender que todos tenemos distintos gustos para el vino, y diferentes formas de andar la vida.
Las cualidades se maduran en con el tiempo y es ahí, en la quietud  de los años, donde se contemplan la verdadera grandeza humana.

PEDRO NOVOA PAVON ... 

 

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Comentarios5

  • Sheilo Sanz

    Sí, la madurez es conciencia de lo vivido, y de lo que se vive. Vivir la vida con constante analisis y observación, para ser objetivo al resolver y dirigir situaciones, te da control y sabiduria , y más probabilidad de hacer siempre lo más correcto.

    Un placer leerle estimado poeta, reciba un saludo cordial. 🌷🙋‍♀️💙

    • Pedro Novoa Pavon Novoa

      Gracias colega yo también me acerco Asus poemas y me encantan.

      • Sheilo Sanz

        Muchas gracias 🙏🌷

      • El Hombre de la Rosa

        Genial y hermoso tu versar estimado poeta y amigo Pedro Novoa Pavón Novoa
        Saludos afectuosos desde Españla
        El Hombre de la Rosa

      • David Arthur

        El vino es una buena metáfora , Novoa, y es verdad lo que escribes acerca de reflejar la vida y la humanidad......en la quietud de los años.

        Saludos
        David

      • David Arthur

        El vino es una buena metáfora , Novoa, y es verdad lo que escribes acerca de reflejar la vida y la humanidad......en la quietud de los años.

        Saludos
        David

        • Pedro Novoa Pavon Novoa

          Estimado es un placer que le guste mi manera de escribir mis poemas desde la distancia usted con su constancia me motiva.

        • [email protected]

          Si fuéramos de yeso:
          No sentiríamos el golpe de la vida que decías antes.
          No tendríamos esos suspiros de la infancia.
          No habría "roce de mi propia quiebra" porque ni nos dolería quebrarnos.
          El amor no sería motor, porque un motor necesita latir.
          Justo porque somos de carne y hueso es que nos duele, nos enamoramos, nos rompemos y nos reconstruimos.
          La fragilidad del yeso no sirve. La nuestra sí. Porque lloramos, abrazamos, recordamos el café de la mañana y nos volvemos a levantar.
          Nuestra fuerza está en que somos frágiles.
          El yeso se rompe y queda tirado. La carne se rompe... y aprende.



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