Noventa y seis horas donde el tiempo deja de medirse en relojes y comienza a contarse en heridas. Cada minuto pesa como un año, y la noche, insaciable, extiende su reino sobre mis ojos abiertos.
Las paredes aprenden mi nombre antes que yo mismo. En ellas resuenan voces agrias, ecos que nacen de ninguna parte y de todas al mismo tiempo. Los demonios recorren la casa con la paciencia de quien sabe que nadie los expulsará: atraviesan la cocina, cruzan la sala, se detienen en mi habitación. Yo los sigo, condenado a caminar tras sus sombras, como un prisionero que escolta a sus propios verdugos.
Me asomo al balcón. El viento helado me atraviesa la piel y la luna derrama su pálida luz sobre un mundo que parece haber olvidado mi existencia. Entonces una voz, afilada como vidrio, pronuncia mi nombre una y otra vez. Su llamado perfora el silencio hasta convertirlo en un grito. Yo levanto la mirada al cielo y, con el último aliento que aún me pertenece, lanzo un clamor desesperado que nadie parece escuchar. Y la noche, indiferente, continúa devorando los días sin conocer la palabra piedad.
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Autor:
El escriba de la penumbra (Seudónimo) (
Offline) - Publicado: 10 de julio de 2026 a las 14:33
- Comentario del autor sobre el poema: Este poema no nació de la imaginación, sino de una realidad que muchas veces he tenido que vivir en silencio. Cada palabra refleja noches interminables donde el sueño desaparece, la soledad pesa más que el propio cuerpo y la mente se convierte en un lugar del que parece imposible escapar. Escribir se ha convertido en mi única forma de resistir. Cuando las palabras llegan al papel, el ruido que llevo dentro pierde fuerza por un instante. Cada verso es un grito que nunca pude pronunciar en voz alta, una manera de mostrar un dolor que no se ve, pero que consume lentamente. No escribo para despertar lástima. Escribo porque necesito dejar constancia de una batalla invisible que ha marcado mi existencia. Si algún día alguien encuentra estas líneas, quiero que entienda que detrás de cada poema hubo un ser humano que luchó durante mucho tiempo por seguir adelante, incluso cuando hacerlo parecía imposible.
- Categoría: Sin clasificar
- Lecturas: 44
- Usuarios favoritos de este poema: racsonando, Sheilo Sanz, Antonio Pais, El desalmado, Mauro Enrique Lopez Z., Salvador Santoyo Sánchez, Mª Pilar Luna Calvo, alicia perez hernandez, Nelly Cevallos - Liora, JUSTO ALDÚ

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Cada verso es un grito que nunca pude pronunciar en voz alta, una manera de mostrar un dolor que no se ve, pero que consume lentamente. No escribo para despertar lástima. Escribo porque necesito dejar constancia de una batalla invisible que ha marcado mi existencia. Si algún día alguien encuentra estas líneas, quiero que entienda que detrás de cada poema hubo un ser humano que luchó durante mucho tiempo por seguir adelante, incluso cuando hacerlo parecía imposible.
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Tu poesía es un grito desgarrador porque ya cuando no puedes ni dormir y sientes los demonios paseándose de la cocina a la sala, quiere decir que vagan libres, atormentándote como si fueran tus verdugos, es triste pero hasta se escuchan voces, risas, burlas de esos demonios que saben que te atormentan, es muy común cuando padeces insomnio, hay una guerra con los pensamientos y los ruidos que atraviesan las paredes como un gigante que puede derribarte y bien dices los minutos pesan por cada herida que no cerrado, Creo que escribir te permitido ir soltando todo lo que has guardado para ti y por eso eso es que no solo sigues combatiendo tus soledades, dolor, tristeza porque has cayado en vez de compartir, libertad esta próxima que has ido dejando ir de poco en poco, pero en ocasiones es la medicina hasta que digas soy libre soy libre. ten por seguro que pasará! Un abrazo fuerte fuerte. D.T.B. Lo superaras no importa, lo que escribes ayuda a otros que están pasando lo mismo. Un abrazo
Muchas gracias por esas palabras.
La razón por la que escribo es, principalmente, dejar plasmado todo lo que he vivido y lo que aún cargo en el alma. Pero también escribo con la esperanza de que, si alguien está pasando por lo mismo que yo, o conoce a alguien que lo esté viviendo, encuentre en mis letras un pequeño refugio y comprenda que nunca debemos subestimar el poder de un gesto de humanidad.
A veces creemos que hacen falta grandes discursos para ayudar, cuando en realidad un abrazo sincero, una compañía silenciosa o simplemente permanecer al lado de alguien puede convertirse en un inmenso alivio para quien está luchando contra sus propios demonios.
Si alguno de mis escritos logra que una sola persona se sienta comprendida o encuentre fuerzas para seguir un día más, entonces habrá valido la pena abrir mi corazón en cada palabra.
Nuevamente, gracias por leerme, por detenerte en mis escritos y por regalarme unas líneas que también reconfortan el alma. Un abrazo.
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