Odio las respuestas automáticas de la cortesía social.
Preguntas "¿cómo estás?" y la respuesta, casi por decreto, es "bien". Como si cualquier otra posibilidad amenazara con romper un pacto invisible. Como si detenerse a responder de verdad fuera una pequeña traición al guion.
Vivimos obligados a estar bien, o al menos a parecerlo: funcionales, frescos, intactos. Y, mientras tanto, las respuestas honestas se vuelven un idioma que casi nadie habla.
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Autor:
Cat0 (
Offline) - Publicado: 8 de julio de 2026 a las 10:13
- Categoría: Reflexión
- Lecturas: 9
- Usuarios favoritos de este poema: Daniel Omar Cignacco, Osler Detourniel, El desalmado, Mauro Enrique Lopez Z., alicia perez hernandez

Offline)
Comentarios1
Tu texto apunta a una tensión muy real: muchas veces el "¿cómo estás?" funciona más como un saludo ritual que como una invitación genuina a compartir el estado emocional. Esa observación tiene fuerza porque pone en evidencia una convención social que solemos aceptar sin pensar.
Al mismo tiempo, hay un matiz interesante. No siempre responder "bien" es una mentira ni un acto de hipocresía. A veces es una forma legítima de proteger la propia intimidad. No todas las personas ni todos los momentos son el lugar adecuado para abrir el mundo interior. Del mismo modo, quien pregunta "¿cómo estás?" puede estar expresando cortesía, afecto o simplemente iniciando un vínculo, sin estar preparado para sostener una conversación profunda.
Quizá la cuestión no sea abolir ese intercambio automático, sino recuperar el valor de las excepciones: aprender a preguntar de verdad cuando queremos saber, y aprender a responder con verdad cuando sentimos que el otro realmente está dispuesto a escuchar.
En ese sentido, el problema no es la palabra "bien". El problema aparece cuando ya no recordamos que existen muchas otras respuestas posibles.
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