Algo tan puro
que el tiempo
no se atrevió a tocarlo.
Se fue sin nosotros.
Desde entonces
envejecemos
alrededor de ese instante,
como las raíces
alrededor de una piedra.
Todo cambió de lugar.
La lluvia. Las casas.
Los nombres que les dimos a las cosas.
Pero aquello
permaneció intacto,
como la nieve
en la cara oculta
de una montaña,
ajeno
a nuestra ciega costumbre
de partir.
Y te digo:
De tan transparente
no podía durar.
A veces,
cuando te recuerdo,
vuelvo a ese lugar.
Y todo sigue
igual que antes.
La lluvia.
La casa
y los nombres.
Solo faltamos nosotros.
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Autor:
Eduardo Villacal (Seudónimo) (
Offline) - Publicado: 6 de julio de 2026 a las 00:09
- Categoría: Sin clasificar
- Lecturas: 14
- Usuarios favoritos de este poema: Tommy Duque, El Hombre de la Rosa, El desalmado, Mauro Enrique Lopez Z., Antonio Pais, alicia perez hernandez, Nelly Cevallos - Liora

Offline)
Comentarios2
Preciado y bien escrito tu hermoso y bello poema estimado poeta Eduardo
Saludos desde España
El Hombre de la Rosa
Gracias por tu lectura y tus palabras Hombre de la Rosa. Saludos desde Argentina.
Eduardo, me ha gustado mucho la forma en que sostienes el poema desde la contención. Cada imagen encuentra su lugar sin apresurarse, hasta que el cierre resignifica todo lo leído. La repetición de la lluvia, la casa y los nombres crea un efecto de permanencia que contrasta con la ausencia, y ese último verso termina abriendo un silencio que continúa más allá del poema. Gracias por compartir una escritura de tanta sensibilidad. Un fuerte abrazo.
— LIORA
Gracias. Por tu tiempo dedicado. Un abrazo para.vos.
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