Eduardo Villacal (seudónimo)

Algo tan puro

​Algo tan puro

que el tiempo

no se atrevió a tocarlo.

 

Se fue sin nosotros.

 

​Desde entonces

envejecemos

alrededor de ese instante,

 

​como las raíces

alrededor de una piedra.

 

​Todo cambió de lugar.

La lluvia. Las casas.

Los nombres que les dimos a las cosas.

 

​Pero aquello

permaneció intacto,

 

​como la nieve

en la cara oculta

de una montaña,

 

​ajeno

a nuestra ciega costumbre

de partir.

 

​Y te digo:

De tan transparente

no podía durar.

 

​A veces,

cuando te recuerdo,

vuelvo a ese lugar.

 

​Y todo sigue

igual que antes.

 

​La lluvia.

La casa

y los nombres.

 

​Solo faltamos nosotros.