Luna febril

El escriba de la penumbra

Esta noche la luna parece enferma. Derrama sobre mi balcón una luz pálida, como si también hubiera aprendido a sobrevivir con las heridas abiertas. La ciudad, ajena a mi naufragio, continúa respirando entre el estruendo de motores y vidas que aún encuentran un motivo para seguir despiertas.

Un viento helado atraviesa la ventana sin pedir permiso. No solo acaricia mi piel; atraviesa mis huesos, invade mi pecho y se instala en ese rincón donde la soledad ha construido su reino. La piel se eriza, pero no por el frío. Se eriza porque, una vez más, comprendo que no hay temperatura más cruel que la ausencia.

Y esta noche, tan distinta a todas, confieso una necesidad que siempre condené al silencio: la de un abrazo. No uno cualquiera, sino uno capaz de sostener las ruinas que llevo dentro; unos brazos que no huyan al descubrir que mis sonrisas son apenas el disfraz elegante de un hombre que lleva demasiado tiempo librando guerras que nadie ve.

Quisiera descansar la cabeza sobre un pecho que no me interrogue, que no me exija palabras, que entienda que hay dolores cuyo idioma es el silencio. Que permanezca allí mientras mis demonios golpean la puerta de mi alma, recordándome que nunca se fueron, que solo aprendieron a esperar la llegada de la noche.

Qué inmensa tragedia es descubrir que uno puede acostumbrarse a sobrevivir, pero jamás aprende a dejar de necesitar calor. Porque el verdadero invierno no cae del cielo: nace cuando nadie pronuncia tu nombre con ternura, cuando ningún abrazo reclama tu cansancio, cuando el alma lleva tanto tiempo caminando sola que termina creyendo que fue creada para perderse.

Y aquí estoy… bajo una luna moribunda, escuchando el ruido de un mundo que jamás notará mi silencio. Esperando unos brazos que quizá nunca lleguen, mientras abrazo mis propias sombras para convencerlas de que esta noche tampoco lograrán romperme. Aunque, en el fondo, sé que hay batallas que no se ganan: solo se sobreviven hasta que amanece.

  • Autor: El escriba de la penumbra (Seudónimo) (Offline Offline)
  • Publicado: 5 de julio de 2026 a las 17:26
  • Comentario del autor sobre el poema: Hay noches en las que el silencio pesa más que cualquier palabra y la soledad deja de ser una simple ausencia para convertirse en una presencia constante. Este texto no nace del deseo de inspirar lástima, sino de darle voz a esos pensamientos que muchos esconden detrás de una sonrisa. Todos libramos batallas invisibles, y a veces el mayor acto de amor no es encontrar las palabras perfectas, sino permanecer al lado de alguien y hacerle sentir que no tiene que enfrentar la oscuridad solo. Si este poema logra que una persona abrace con más fuerza a quien ama o pregunte con sinceridad “¿cómo estás?”, entonces habrá cumplido su propósito.
  • Categoría: Triste
  • Lecturas: 12
  • Usuarios favoritos de este poema: Antonio Pais, Mauro Enrique Lopez Z., alicia perez hernandez, Nelly Cevallos - Liora, Daniel Omar Cignacco, El desalmado
Comentarios +

Comentarios1

  • alicia perez hernandez

    Qué inmensa tragedia es descubrir que uno puede acostumbrarse a sobrevivir, pero jamás aprende a dejar de necesitar calor. Porque el verdadero invierno no cae del cielo: nace cuando nadie pronuncia tu nombre con ternura, cuando ningún abrazo reclama tu cansancio, cuando el alma lleva tanto tiempo caminando sola que termina creyendo que fue creada para perderse.

    Y aquí estoy… bajo una luna moribunda, escuchando el ruido de un mundo que jamás notará mi silencio. Esperando unos brazos que quizá nunca lleguen, mientras abrazo mis propias sombras para convencerlas de que esta noche tampoco lograrán romperme. Aunque, en el fondo, sé que hay batallas que no se ganan: solo se sobreviven hasta que amanece.
    ...............
    Humanamente nadie puede vivir sin un abrazo, sin un te quiero, sin un saludo, ocultamos esa necesidad por años, cuando pasa ese derrumbe silencioso que solo nosotros escuchamos, nos damos cuenta del silencio en que hemos estado viviendo y dejamos la soledad hospedada y es cuando mas necesitamos de un abrazo que hemos esperado por mucho tiempo, porque siempre decimos estoy bien! aunque nos estemos derrumbando, el silencio se vuelve fantasmas, ruidos agazapados que se escuchan, recuerdos que nos acusan de vivir la soledad, porque dejamos ir aquel abrazo que a su tiempo estuvo presente, siempre hay necesidad de un abrazo pero no lo pedimos por orgullo, y aparece la edad, que siente todo el peso de la soledad, y es cuando deseamos que alguien nos abrace, creo que solo debemos pedirlo no debe haber vergüenza sentirnos solos, a veces estamos con mucha gente que nos quieren y aun así sentirnos solos. Apoyo tu comentario de autor. Un abrazo que te crujan los huesos de lo fuerte que te lo doy. saludos y bendiciones!



Para poder comentar y calificar este poema, debes estar registrad@. Regístrate aquí o si ya estás registrad@, logueate aquí.