Tarde de canícula.
Sesenta y tres grados
a la sombra polvorienta
de brezos,lentiscos y romeros...
Así descansaba,
búfalo apartado
de manadas
civilizadas...
Deseoso de siesta sedienta
y
de líbido perdido,
búfalo que fuiste
y
sentado en trono
que perdiste,
aquí la calma
disfrutabas...
Serpenteante movimiento
de sombra lubrificada
por Anaconda,
Reina de infinitos
placeres dados,
acercose
presta y sigilosa
a atributos pétreos
de animal envejecido...
Lepidosauria portaba
en sus intenciones
el placer más grande
que una dama regala
si su fuego se lo
reclama...
¡Arco de Diosa¡
¡Ábrete¡
y
deposita en saliva
sobre la columna dórica
toda la dicha
que atesoras...
Granito más duro
se tornó
al sentirse
acariciado
de arriba a abajo,
por aquellos sensuales
labios de Anaconda
sabedora
de sus encantos...
Y...Así...
ambos encontraron
el éxtasis
en una tarde de verano...
Cincuenta y siete segundos
fueron suficientes
para que
búfalo y anaconda
descubriesen
que en sus acciones
lo más íntimo
es
LO INOLVIDABLE...
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Autor:
Gabriel Aranda (
Offline) - Publicado: 5 de julio de 2026 a las 13:44
- Categoría: Sin clasificar
- Lecturas: 6

Offline)
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