Te digo bienvenida como quien abre un templo
con el temor sagrado de la primera luz;
mientras que en tu mirada todo el amor contemplo
dejando en el pasado la sombra de mi luz.
No sé de dónde vienes ni pregunto el destino;
me basta con la gracia que proyecta tu andar.
Se que el sol y la luna cruzaron su camino
para que la mangata te trajera a mi mar.
Te digo bienvenida, mujer, y en el momento
en que tu mano rozó mi pecho comprendí,
como un fulgor dorado que se entrega en el viento,
yo no sabía, vida, que te esperaba a ti.
Llegaste sin aviso, como un presentimiento,
a rescatar la voz que se me ahogó en la boca,
y fue tu paso leve como el suspiro al viento
que borra la marea sobre la fría roca.
Mi alma era una barca encallada en la arena,
un faro ya apagado que no esperaba el día,
pero tu luz de luna me ha soltado la pena
y ha encendido las aguas donde el dolor dormía.
Classman
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Autor:
Classman (Seudónimo) (
Offline) - Publicado: 2 de julio de 2026 a las 12:53
- Categoría: Sin clasificar
- Lecturas: 9
- Usuarios favoritos de este poema: Una voz, Poesía Herética, Sheilo Sanz, Rafael Escobar, Salvador Santoyo Sánchez, Noa Subin

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