Contabas las cabras con el dedo sucio y te dolió el estómago de verdad.
Te escribo a la encía sangrante en el camastro de Alicante,
al frío de la celda donde la poesía
no fue un oficio de salones,
sino la última costra para tapar la herida.
Tu herencia no son los libros con cantos dorados.
Es este masticar la arena cuando el viento viene de frente,
esta insistencia del animal que sabe
que escribir es dejar el pecho donde cae el golpe.
Nos dejaste el lenguaje desollado,
reducido a sus tres elementos:
el cuchillo, el vientre, la fijeza del ojo.
Todavía arde ahí:
no en la estatua de mármol que te ignora,
sino en la aridez del hueso que no cede.
Antonio Portillo Spínola ©
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Autor:
Spinoport (Seudónimo) (
Offline) - Publicado: 1 de julio de 2026 a las 05:57
- Comentario del autor sobre el poema: Para un grande, Miguel Hernández mi gran referente.
- Categoría: Sin clasificar
- Lecturas: 45
- Usuarios favoritos de este poema: Mauro Enrique Lopez Z., Daniel Omar Cignacco, El desalmado, racsonando, Salvador Santoyo Sánchez, Osler Detourniel, alicia perez hernandez, Rosario_Bersabe, Sheilo Sanz

Offline)
Comentarios3
Uauuuu, genial, Antonio. Mis aplausos.
Muchas gracias, Rosario. Me alegra de corazón que el poema te haya llegado. Es un homenaje escrito desde la admiración y el respeto hacia quien convirtió la poesía en una forma de resistir. Un abrazo.
Magníficas letras para el inmortal poeta Miguel Hernández.
Nada que decir sino disfrutar tu excelente creación
Va un abrazo admirado poeta Antonio
Muchas gracias por tus palabras y por detenerte a leer el poema con esa mirada generosa.
Miguel Hernández sigue siendo una de esas voces que no envejecen. Acercarse a su memoria impone respeto, porque su verdad continúa respirando entre nosotros. Si el poema ha logrado transmitir una parte de esa admiración, me doy por satisfecho.
Un fuerte abrazo, con mi agradecimiento.
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