EL MAR NO SE VE

gaspar jover polo

EL MAR NO SE VE

 

Alguna vez, jugamos a subir a los edificios más altos

de nuestra zona de influencia, para constatar

que no se veía el mar desde ningún punto

del barrio

y menos aún un trozo de costa atlántica,

con la secreta esperanza de que algún edificio

fuera lo suficientemente alto como

para disfrutar de un trozo de azul marino.

Pero, tras trepar en grupo por las escaleras, alcanzábamos,

como mucho, la recompensa de una extensa vista panorámica

exclusivamente urbana, de una vasta extensión

de terreno llano pero minuciosamente urbanizado,

También es cierto que la fuerza del sol y de la brisa

se notaban mucho allá arriba,

cuando estábamos en todo lo alto. “Es una lástima

que no tengamos escaleras de incendios,

como en Norteamérica”, se quejó Pepele,

“siempre he querido subir o bajar por una escalera metálica

de esas que quedan por fuera del edificio”.

Y luego: “Creo que distingo una manchita azul hacia el norte,

¿El norte está por allá? ¿No?”, preguntó Pepele,

un chico que provenía de tierra adentro.

 

Gaspar Jover Polo



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