Oh, néctar de cebada, luz dorada,
que alivia el corazón cuando apetece;
tu espuma es paz que en la garganta nada,
tu frescura, un sosiego que se mece.
Del agua y del lúpulo eres nacida,
fermentas con paciencia silenciosa,
y ofreces, en tu magia compartida,
la risa que a la tarde vuelve hermosa.
Tanto si ámbar, rubia, tostada o negra,
unes en armonía a los mortales;
reina de la concordia, tú sostienes
la mesa y los afectos naturales.
Bajo el sol de mi tierra, bien servida,
refugio del necio como del sabio;
brindo por ti, compañera de vida,
eres lujo perfecto, y al justo precio.
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Autor:
Juan Roldan (
Offline) - Publicado: 30 de junio de 2026 a las 05:03
- Categoría: Sin clasificar
- Lecturas: 8
- Usuarios favoritos de este poema: Mauro Enrique Lopez Z., Mª Pilar Luna Calvo

Offline)
Comentarios1
El cristo de los faroles
si pudiera bajaría
a beberse una cerveza
con espumita y bien fría.
Salud, compañero. Viva tu arte.
Gracias, y yo de buen grado, con el debido respeto, lo acompañaría.
Salud, que tengas un feliz día.
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