Juan Roldan

La cerveza

Oh, néctar de cebada, luz dorada,

que alivia el corazón cuando apetece;

tu espuma es paz que en la garganta nada,

tu frescura, un sosiego que se mece.

 

Del agua y del lúpulo eres nacida,

fermentas con paciencia silenciosa,

y ofreces, en tu magia compartida,

la risa que a la tarde vuelve hermosa.

 

Tanto si ámbar, rubia, tostada o negra,

unes en armonía a los mortales;

reina de la concordia, tú sostienes

la mesa y los afectos naturales.

 

Bajo el sol de mi tierra, bien servida,

refugio del necio como del sabio;

brindo por ti, compañera de vida,

eres lujo perfecto, y al justo precio.