🧚♀️Hay un niño...🧚♀️
___________
¡Hay un niño en la calle!
¡Hay un niño en la calle...!
¡Que hay un niño en la calle...!
Ya son dos...
tres... o cuatro...
Miran el cielo azulado,
un cielo de nubes raras,
con arcoíris pintado
muy dentro de sus entrañas.
Ellos sueñan con un dosel
de caballos blancos,
briosos, de alas de plata,
para llevarlos volando
a castillitos de hojalata.
¡Hay un niño en la calle...!
¡Que hay un niño en la calle...!
Míralo bien, no lo calles... ¡
Hay un niño en la calle!
Ya son cuatro... u ocho...
con sus caritas sin talle
y camisas de "San Alejo".
Mientras claman al cielo
pedazos de panes añejos,
arrastran por el suelo
sus nuevos... zapatos viejos.
Ellos duermen hasta tarde,
acurrucados en andenes,
mientras los ricos descansan
al pernoctar en sus hoteles.
¡Hay un niño en la calle...!
¡Que hay un niño en la calle...!
Míralo bien, no lo calles...
¡Hay un niño en la calle!
¿Eran ocho...?
Ya van diez...
No es pequeño el detalle.
Dices diez...
¡Y veo cien!
¡Niños...
camisas sin talle!
¡Hay un niño en la calle!
¡Niños...
polizón de la calle!
¡Hay un niño en la calle!
¡Hay un niño... en la calle!
Racsonando ando.
Racsonando ando
Oscar Arley Noreña Ríos.
-
Autor:
Racsonando (Seudónimo) (
Offline) - Publicado: 27 de junio de 2026 a las 13:29
- Comentario del autor sobre el poema: Hay calles por las que transitamos todos los días sin advertir que, entre el ruido de los motores y la prisa de la ciudad, también caminan los sueños de muchos niños. A veces los vemos; otras, la costumbre termina por volverlos invisibles. ¡Hay un niño en la calle! nace de esa mirada que se niega a pasar de largo. Es un canto a la infancia que resiste, que imagina caballos de alas de plata y castillos de hojalata, aun cuando la realidad le ofrezca andenes por cama, pan endurecido y zapatos gastados por el tiempo. El poema avanza contando uno a uno a esos niños, hasta descubrir que ya no son unos pocos. Son muchos. Demasiados. Cada voz, cada rostro y cada historia se multiplican como un eco que interpela nuestra conciencia y nos recuerda que la indiferencia también puede convertirse en una forma de silencio. Más que una denuncia, esta canción es una invitación a mirar de nuevo; a reconocer la dignidad que habita en cada niño y a comprender que una sociedad se mide, no por la altura de sus edificios ni por el brillo de sus vitrinas, sino por la manera en que abraza y protege a su infancia. Porque mientras exista un niño obligado a hacer de la calle su hogar, habrá también una poesía dispuesta a nombrarlo, una canción que se resista a olvidarlo y un corazón que siga creyendo que otro destino es posible. Oscar A. Noreña Colección: Improntas de tinta y trompeta ✍️🎺
- Categoría: Sin clasificar
- Lecturas: 11
- Usuarios favoritos de este poema: alicia perez hernandez, Annabeth Aparicio, William Logan, Poesía Herética, Rosario_Bersabe, Tommy Duque, Mauro Enrique Lopez Z., Noa Subin, racsonando, Antonio_cuello
- En colecciones: Improntas de Tinta y Trompeta.

Offline)
Comentarios3
Excelente...👶🧒 ¡Cómo me ha gustado! Tienes un don hermoso para crear estas canciones. Felicitaciones amigo
Un saludo... Y un abrazo cordial.
Magnífico tu poema. Bellísimo con la música. Mis aplausos y mi admiración a tu talento.
Que tu arte sea un hechizo generoso,
tejiendo universos que ofrezcan a cada
alma un santuario de serenidad y esperanza.
Tu escritura es bálsamo y cobijo.
Que tu pluma continúe creando mundos
donde el alma pueda curarse y renacer.
Sigue bordando tus universos, pues en
ellos el alma humana encuentra el oasis que tanto anhela.
Que tengas un excelente día
Saludos fraternos
Para poder comentar y calificar este poema, debes estar registrad@. Regístrate aquí o si ya estás registrad@, logueate aquí.