Un pensamiento vino a visitarme
sin pedir permiso,
como esas prendas que uno se prueba
por obligación
y enseguida descubre
que no pertenecen a su cuerpo.
Me vistió con una tela extraña,
con un traje demasiado estrecho
para la costumbre de mis días.
Yo no sabía andar dentro de aquello.
Mi mente buscaba
una explicación sencilla,
un espejo donde reconocerme.
Y entonces, llegó una ráfaga
cargada de propósitos,
sin una fuerza violenta,
con ese impulso leve
que levanta las cortinas
y deja entrar la claridad
en las habitaciones cerradas.
Convirtió en transparencias,
lo que a veces oculto sin saberlo,
lo que la vida escribe despacio
en los cristales limpios de la conciencia.
Allí estaban mis dudas,
mis deseos cansados,
mis pequeñas verdades
pidiendo un lugar en el aire.
Vinieron las primeras gotas,
al principio eran apenas preguntas,
un rumor sobre el tejado,
pero pronto crecieron
hasta volverse tormenta de dudas,
una lluvia desordenada
golpeando contra mi frente.
Fue entonces cuando abrí
el paraguas de la paciencia.
No para huir del agua,
sino para aprender
que también las tormentas piensan,
y el desconcierto tiene
su manera de limpiar el aire.
Y cuando ya no esperaba nada,
cuando la mente había dejado
de discutir consigo misma,
una leve brisa me acarició.
Fue tan suave
que no quiso convencerme de nada.
Solo pasó por mi rostro
como una mano serena,
una paz envolvente
que sabe llegar a tiempo.
José Antonio Artés Sánchez
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Autor:
José Antonio Artés (Seudónimo) (
Offline) - Publicado: 26 de junio de 2026 a las 08:10
- Categoría: Reflexión
- Lecturas: 9
- Usuarios favoritos de este poema: Mª Pilar Luna Calvo, Nelly Cevallos - Liora, Tommy Duque, Daniel Omar Cignacco

Offline)
Comentarios1
José Antonio,
Disfruté mucho este poema. La manera en que la ráfaga, la lluvia, el paraguas y, finalmente, la brisa acompañan el recorrido interior le da una continuidad muy natural, como si cada imagen fuera un paso necesario hacia la serenidad.
La metáfora del pensamiento convertido en una prenda que no pertenece al propio cuerpo me pareció un comienzo muy sugerente, y el cierre conserva una delicadeza que permanece después de terminar la lectura. Esa brisa que no llega para convencer, sino simplemente para traer calma, le da al poema un final lleno de serenidad.
Gracias por compartir estos versos.
LIORA
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