José Antonio Artés

UNA LEVE BRISA ME ACARICIÓ

Un pensamiento vino a visitarme
sin pedir permiso,
como esas prendas que uno se prueba
por obligación
y enseguida descubre
que no pertenecen a su cuerpo.

 

Me vistió con una tela extraña,
con un traje demasiado estrecho
para la costumbre de mis días.
Yo no sabía andar dentro de aquello.
Mi mente buscaba
una explicación sencilla,
un espejo donde reconocerme.

 

Y entonces, llegó una ráfaga
cargada de propósitos,
sin una fuerza violenta,
con ese impulso leve
que levanta las cortinas
y deja entrar la claridad
en las habitaciones cerradas.

 

Convirtió en transparencias,
lo que a veces oculto sin saberlo,
lo que la vida escribe despacio
en los cristales limpios de la conciencia.
Allí estaban mis dudas,
mis deseos cansados,
mis pequeñas verdades
pidiendo un lugar en el aire.

 

 Vinieron las primeras gotas,
al principio eran apenas preguntas,
un rumor sobre el tejado,
pero pronto crecieron
hasta volverse tormenta de dudas,
una lluvia desordenada
golpeando contra mi frente.

 

Fue entonces cuando abrí
el paraguas de la paciencia.
No para huir del agua,
sino para aprender
que también las tormentas piensan,
y el desconcierto tiene
 su manera de limpiar el aire.

 

Y cuando ya no esperaba nada,
cuando la mente había dejado
de discutir consigo misma,
una leve brisa me acarició.

Fue tan suave
que no quiso convencerme de nada.
Solo pasó por mi rostro
como una mano serena,
 una paz envolvente
que sabe llegar a tiempo.

 

 

José Antonio Artés Sánchez