Patriotismo

Luis Barreda Morán

Patriotismo

No me hables de banderas agitadas al viento,
si detrás de sus colores
se esconden los viejos dueños del poder,
los mismos que jamás pisan el barro
ni conocen el hambre
de quienes levantan el mundo con sus manos.

Nos enseñaron a amar mapas y fronteras,
a venerar símbolos bordados en tela,
mientras la tierra verdadera,
la que respira y sufre,
quedaba olvidada en los barrios,
en los campos y en las fábricas.

Llamaron deber al sacrificio,
honor a la obediencia,
y patriotismo al silencio.
Así marcharon generaciones enteras
defendiendo riquezas ajenas
como si fueran propias.

Las banderas son solo trapos
cuando se utilizan para cubrir injusticias,
cuando sirven de cortina
para ocultar privilegios,
corrupciones y ambiciones
vestidas con discursos solemnes.

La patria no habita en los palacios,
ni en los himnos repetidos por costumbre.
La patria vive en el rostro cansado del trabajador,
en la madre que resiste,
en el anciano olvidado
y en los niños que sueñan un futuro distinto.

Quien ama de verdad a su país
no adora símbolos vacíos,
sino que defiende la dignidad de su gente,
su derecho a vivir sin miedo,
sin explotación
y sin cadenas disfrazadas de gloria.

Por eso mi patriotismo es otro:
no pertenece a los poderosos,
ni sirve a sus guerras ni a sus intereses.
Mi patria es el pueblo,
su memoria, su lucha y su esperanza,
porque allí donde late la justicia,
allí comienza la verdadera nación.

—Luis Barreda/LAB

Ver métrica de este poema
  • Autor: Luis Barreda Morán (Offline Offline)
  • Publicado: 26 de junio de 2026 a las 01:32
  • Categoría: Sin clasificar
  • Lecturas: 6
Comentarios +

Comentarios1

  • Nkonek Almanorri

    En 1946 yo aún no había nacido pero mi padre ya tenía 17 años, con esa edad el colonialismo español en Canarias y que siempre nos ha considerado carne humana de cañón lo arrancó de su familia y se lo llevó a la guerra que la burguesía colonial española tenía en el África continental concretamente en Marruecos y concretamente en Sidi Ifni. En una ocasión un mando militar español se dirigió a mi padre y le preguntó: "...¿Manuel, qué es aquello? refiriéndose a la bandera que estaba en lo alto de un mástil clavado en la arena del desierto del Sahara a 42 grados de temperatura, ¿Aqúéllo? Aquello es un trapo, respondió mi padre; y aquella respuesta, natural, lógica y humana le costó a mi padre estar dos días con un saco de arena de 41 kg atado a su espalda durante dos días las 24 horas seguidas. Mi padre me contó que no sabía ni qué era ni qué significaba aquel trapo; no tenía porqué saberlo pues no era nada que le perteneciera emocionalmente y menos políticamente. Mi padre murió con 86 años y nunca en su vida sintió nada por ese trapo que en nada nos pertenece.



Para poder comentar y calificar este poema, debes estar registrad@. Regístrate aquí o si ya estás registrad@, logueate aquí.