DIME

Diego Pantoja

Dime.

¿Te enamoraste del poema

o del poeta?

¿De mí

o de la idea que tienes de mí?

Porque hay una diferencia.

Enorme.

Como entre el mapa

y la ciudad que te pierde.

Tú leíste mis versos

y construiste un hombre.

Le pusiste mis ojos

pero no mis silencios.

Le diste mi voz

pero no mis miedos

de las tres de la mañana.

Ese hombre que armaste

—tan prolijo,

tan tuyo—

no soy yo.

Yo soy el que no responde.

El que se va sin avisar.

El que a veces

no encuentra la palabra

y se queda mudo

frente a todo

incluso frente a ti.

Yo soy el que escribe

para no hablar.

¿Lo sabías?

El poema miente

de una manera hermosa.

Ordena lo que en mí

es puro caos.

Pone puntos

donde yo solo tengo

preguntas abiertas

que se bifurcan

y bifurcan

y no llegan.

Tú te enamoraste del orden.

Y yo

soy el desorden

que lo produce.

Dime ahora.

¿Qué amas?

¿Al que escribe

que el amor es eterno?

¿O al que sabe

—y calla—

que se acaba,

que todo se acaba,

que incluso esto

que estamos nombrando

ya está

en otra parte

siendo otra cosa?

Hay una zona

donde yo no existo

como tú me imaginas.

Una habitación sin metáforas.

Un hombre sin poema.

Despeinado.

Torpe.

Equivocado.

¿Podrías amar

a ese?

No al verso.

No a la imagen construida

en tus noches de lectura.

No al personaje.

A este.

Al que no sabe

si merece

lo que escribe.

Al que a veces

te mira

y no encuentra

ni una sola

palabra.



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