AURELIA

felix rizo

Si se nos muere Aurelia,

¿quién fregará los platos de la cena,

o cerrará las ventanas

al caer la noche?

 

Si Aurelia de pronto muriera,

¿dónde encontraríamos refugio

para los días de lluvia?

¿Cuántas cortinas quedarían

desflecadas por las zozobras

de una ventolera?


Aurelia camina por los pasillos

y entra, de pronto, el fresco matutino

de la hora

a revivir la soledad de los cuartos.

Aurelia sabe la forma de contar

números impares antes de comenzar

a pintar muros y paredes

del caserón viejo.

 

Solo Aurelia puede recitar

largas estrofas de poemas gastados

dándole ese tono exacto

de la tristeza que evocan

las palabras.

 

Aurelia, la forma, la consistencia

la necesidad.

Aurelia, con su sonrisa opaca

y sus ojos llenos de las plumas

de mil gaviotas retozando sobre las olas

de algún mar perdido.

 

Solo Aurelia: la de la voz pausada

y lenta,

aun cuando se usan adjetivos

que podrían destrozar

cualquier garganta humana.

 

Si se nos muriese Aurelia,

que sería de los puercos en el corral,

de los sembrados de tomate,

en el jardín de los abuelos.

 

Aurelia: lampara, lisonja

relicario.

Lamento largo

de saber un día cualquiera,

que, tal vez, Aurelia

hace ya mucho

que se fue de este mundo,

y nosotros, sin darnos cuenta,

seguimos alterando

la realidad de su presencia.

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