Pequeño mío,
Que vives ahí,
en el rincón donde el tiempo
olvidó crecer.
Con tus zapatos que aún guardan barro
y tu cuaderno de espirales sueltos,
garabateado de sueños
Sé que todavía guardas risas a escondidas,
esas que estallan sin pedir permiso,
y ese miedo a las caras serias,
a la oscuridad de las esquinas.
A veces, cuando el mundo pesa de más
y las cuentas no cuadran,
siento que aún me tiras de la mano
para saltar los charcos,
para hacer naves de carrizo,
para viajar en el silencio
con la metáfora de algún libro
al umbral de una puerta,
o al pie de ese poste siempre amigo.
Perdón por haberte hecho adulto,
por haberte vestido de corbata y horario,
por decirte que ya no es tiempo
ni de risa ni de llanto,
por encerrarte a la fuerza en este calendario.
Hoy te desempolvo de los cajones arrugados
y te invito a mirar el cielo sin prisa.
Así, juntos, hagamos pacto de ilusiones:
tú me enseñas el asombro,
yo te presto la sonrisa,
agrietada y firme.
@Mreyes
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Autor:
Marcos (Seudónimo) (
Offline) - Publicado: 22 de junio de 2026 a las 08:49
- Categoría: Amor
- Lecturas: 6
- Usuarios favoritos de este poema: Nelly Cevallos - Liora, racsonando

Offline)
Comentarios2
tú me enseñas el asombro,
yo te presto la sonrisa,
agrietada y firme.
Muy precioso
Marcos,
El poema encuentra su mayor fuerza cuando deja de mirar la infancia como un territorio perdido y la convierte en un interlocutor. A partir de ese momento, el diálogo entre el adulto y el niño sostiene el texto con naturalidad y desemboca en un cierre donde el asombro y la experiencia dejan de enfrentarse para empezar a caminar juntos.
Gracias por compartir tu escritura.
Un cordial saludo.
— LIORA
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