Marcos Reyes Fuentes

Pequeño mío

Pequeño mío,

Que vives ahí,

en el rincón donde el tiempo

olvidó crecer.

 

Con tus zapatos que aún guardan barro

y tu cuaderno de espirales sueltos,

garabateado de sueños

 

Sé que todavía guardas risas a escondidas,

esas que estallan sin pedir permiso,

y ese miedo a las caras serias,

a la oscuridad de las esquinas.

 

A veces, cuando el mundo pesa de más

y las cuentas no cuadran,

siento que aún me tiras de la mano

para saltar los charcos,

para hacer naves de carrizo,

para viajar en el silencio

con la metáfora de  algún libro

al umbral de una puerta,

o al pie de ese poste siempre amigo.

 

Perdón por haberte hecho adulto,

por haberte vestido de corbata y horario,

por decirte que ya no es tiempo

ni de risa ni  de llanto,

por encerrarte a la fuerza  en este calendario.

 

Hoy te desempolvo de los cajones arrugados

y te invito a mirar el cielo sin prisa.

Así,  juntos, hagamos pacto de ilusiones:

tú me enseñas el asombro,

yo te presto la sonrisa,

agrietada y firme.

 

@Mreyes