Fortaleza de Hierro y Niebla

Yasuara Melgara

Forjé mi piel con hierro y con ceniza,

cosí mis grietas con oscuro alambre;

la luna, vieja viuda, me bautiza

con un silencio más feroz que el hambre.

 

Habito el reino gris de las cornisas,

donde el invierno anida en los espejos;

allí los ecos llevan cicatrices

y el tiempo cae en fragmentados rezos.

 

No soy la piedra: aprendí su apariencia.

No soy la sombra: aprendí su lenguaje.

Vestí la fría máscara de ausencia

para cruzar ilesa cada ultraje.

 

Mi corazón, murciélago cautivo,

duerme colgado en catedrales rotas;

a veces bate el polvo de su olvido

y deja flores negras en las notas.

 

Hay noches en que un fuego diminuto

enciende sus faroles clandestinos;

entonces, por un breve y dulce minuto,

la escarcha sueña campos cristalinos.

 

Mas vuelve el cuervo de la madrugada,

despliega sobre mí su negro manto;

y yo regreso, dócil y blindada,

al familiar refugio de mi espanto.

 

Porque la soledad fue mi castillo,

mi pan de sombra, mi metal sagrado;

bebí su oscuridad de cuenco en cuenco

hasta volverme parte de su lado.

 

Nadie encendió faroles en mi puerto,

ni escribió mi estación sobre la arena;

por eso llevo un cementerio abierto

floreciendo en silencio entre las venas.

 

Y cuando el último reloj se incline

y el horizonte apague sus hogueras,

seré la niebla que a la niebla sigue,

sin procesión, sin cruces, sin fronteras.

 

Tan sólo el viento sabrá mi nombre antiguo,

lo arrastrará entre espinos y maleza;

mientras la noche, mi único testigo,

corona de obsidiana mi tristeza.

 

Yasuara Melgara

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Comentarios1

  • Poesía Herética

    Yasuara, tu poema tiene una atmósfera muy poderosa, resistir después de la caída, aprender a parecer de piedra aunque no sea asi.

    Gracias por compartir tu talento y tu arte, recibe un cordial saludo.



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