Triunfo del día y fuga de las sombras

Javier Julián Enríquez

Llegó el rey sol, en su volante ardiente
de oro bruñido sobre azul zafiro,
vuelca en sus rayos el dorado giro,
la faz ilustra del orbe fulgente;

 

cien rayos de su luz resplandeciente
—cual flechas de oro en su feliz retiro—
rompen del cielo el trémulo suspiro,
pautando glorias al albor naciente.

 

Y aquella que fue reina tenebrosa,
la noche, en su alto imperio antes tirana,
entonces despojada y presurosa;

 

su ejército de sombras, con desgana,
tropezando en su fuga congojosa,
al ocaso llegaba, ya villana.



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