Igual que un sonajero rumoroso
el sonido del salpicón salsero
se ha extendido como una blanca sábana.
Se reitera con su eco el oleaje
chocándose en las rocas. Frente a mi
los barcos se recogen con sus redes
llenas de herreras, sargos y dentones.
Es amable la brisa del albor
y el eco persistente del runrún
del agitado mar.
Solo queda una luz que centellea
donde se tocan cielo y horizonte
escondida la luna
menguante entre las nubes.
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Autor:
Joan Vivancos (
Offline) - Publicado: 19 de junio de 2026 a las 01:51
- Categoría: Sin clasificar
- Lecturas: 4
- Usuarios favoritos de este poema: El Hombre de la Rosa

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